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Periodismo

Esto sucede cuando Facebook ayuda a cambiar la cultura y no la política

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Hace algunos días tuve la oportunidad de escuchar a Raúl Fuentes Navarro decir que, si el mundo social requiere de transformaciones radicales, debe ser tarea de todos. ¿Acaso sabrá Facebook de lo que le hablamos?

Es necesario aportar a los agentes de esas transformaciones las explicaciones y las orientaciones críticas indispensables para la construcción y ejecución de proyectos sociales apropiados. No impuestos autoritariamente por el poder.

Sobre lo que hay que actuar es sobre las posibilidades de que esas interpretaciones divergentes, se compartan, se comuniquen, se construyan conjuntamente. Eso implica pensar y asumir la comunicación no como una técnica instrumental de manipulación de medios y mensajes, como transmisión de lo que producen unos y consumen otros, sino como una relación social constitutiva.

Hay una disyuntiva global que acabamos de vivir a escala mundial hace un par de día y me refiero a Cambridge Analytica…

Este hecho supone uno de los grandes paradigmas de la historia de la red social. Un hecho que supondrá un antes y un después para Facebook y para millones de tomas de decisiones a nivel mundial.

Permítanme referirme un poco a Cambridge Analytica… es sin duda una de las tramas del año, además de ser una de las más complejas en cuanto a montaje y creación, también por posicionarse como una de las más polémicas por sus implicaciones, tanto políticas como sociales.

Nunca el mundo había sido tan consciente de lo peligrosas que pueden llegar a ser las redes sociales, ni de la cantidad de información que se vierte en ellas.

Cambridge Analytica, trabaja en las redes sociales, particularmente en Facebook, para cambiar el comportamiento de la audiencia, según se explica en su sitio web.

Esta empresa está especializada en recoger datos online y crear con ellos perfiles de los votantes. Fichas que sirven de diana o blanco a la publicidad electoral. “Si conoces la personalidad del elector, puedes ajustar mucho más tus mensajes y multiplicar el impacto”, explican.

La prioridad, bajo esta premisa, no radica ya en la edad, sexo o raza del votante, sino en las tendencias emocionales. Conociéndolas, se puede influir en ellas.

Ahora nos enfrentamos a unas elecciones donde podemos saber cuál debía ser el contenido, tema y tono de un mensaje para cambiar la forma de pensar de los votantes de forma casi individualizada.

En Estados Unidos, por ejemplo, la compañía no solo envíó publicidad personalizada, sino que desarrolló noticias falsas que luego replicó a través de redes sociales, blogs y medios.

La consultora se enfocó en “cambiar la cultura” en vez de la política.

Así lo explican: “Imagina que estás navegando online y empiezas a ver un blog por aquí y un sitio de noticias por allá, que se ven creíbles, aunque nunca escuchaste hablar de él, y empiezas a ver por todos lados una cantidad de noticias que no ves en los grandes medios, entonces, empiezas a cuestionarte por qué los grandes medios no están cubriendo estas noticias increíbles que estás viendo en todos lados”.

Es ahí cuando logras “establecer la desconfianza en las instituciones”, como los medios, y por ende, consigues que la gente cambie sus decisiones.

Pero ojo… Si empiezas a deformar la percepción de los votantes sin su consentimiento o conocimiento, esa es una violación básica de su autonomía para tomar decisiones libres, porque están votando en función de cosas que creen que son reales, pero no necesariamente lo son.

Estamos pues frente a un escenario de desinformación digital, como lo ha llamado la AIMCR (Asociación Internacional Para Medios De Comunicación E Investigación por sus siglas en inglés) …. La más antigua y respetada sociedad de investigadores de la comunicación.

Este término ha sido propuesto en lugar de fakenews o noticias inventadas.

La producción, circulación y consumo de la información diseñada para manipular y engañar, mediada por tecnologías digitales, tiene alcances globales.

Su creciente escala de alcance y velocidad de transmisión está llevando a periodistas y operadores de plataformas de medios sociales, políticos y académicos a cuestionar sus prácticas, roles y responsabilidades.

A partir de ahora también deberemos estar atentos y escribir nuevas claves que incluyan tópicos como las redes e infraestructuras digitales, la conectividad y los servicios Digitales, los centros de proceso de datos, el internet de las cosas e Interacción Natural y Multimodal, las Ciencia de los Datos y Seguridad Digital.

Todos ellos con un enfoque directo a la comunicación digital, donde cada vez hay espacios de reflexión en ese sentido.

Tendremos que explorar escenarios comunicativos en torno a la experiencia de accesibilidad, nuevas tecnologías, privacidad y protección de datos, además de las soluciones de interacción transparente entre gobiernos y gobernados que incluye la táctil, tangible, a través de gestos, texto, voz, audiovisual, productos interactivos y experiencias gamificadas.

En definitiva, debemos estar más informados, capacitarnos, saber lo que sucede a nuestro alrededor y tomar acciones al respecto.


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